QHAPAQ ÑAN, EL DOLOR DE CABEZA DE LAS AUTORIDADES ORIGINARIAS DE COROMA

Nuevamente se refleja la información del activista que denuncio la minería ilegal en lugar donde vive y avasallamientos a su ayllu por comunarios de Coroma.

Ahora en su edición digital saco el periódico paceño Pagina Siete con el siguiente titular:

Qhapaq Ñan, activista acosado por denunciar avasallamientos

El agricultor, guía de turismo y activista, denuncia que fue retenido, agredido y que sufre amenazas por denunciar explotación minera ilegal que afecta a su ayllu.

Jacobo Copa decidió convertirse en Qhapaq Ñan Mamani en 2018; desde entonces el agricultor, guía de turismo y activista intenta legalizar su nombre “descolonizado” mientras es portavoz de su comunidad. En esa labor fue retenido, agredido y sufre acoso por denunciar avasallamientos mineros ilegales.

“Estoy muerto en vida; me han golpeado, retenido y me siguen procesos. Quieren coartar mi derecho a la libertad de expresión y me acosan e intimidan; pero yo debo defender la tierra de nuestros abuelos”, dice Copa, nacido en el ayllu Cala Cala de Harpitani (Uyuni, Potosí) hace 40 años.

 Es conocido también como El chaski aymara por su trabajo de años en defensa del sistema vial andino o Camino del Inca. Solo y acompañado recorrió esa ruta regional varias veces y desde 2017 impulsa una caminata de Uyuni al puerto de Cobija (Chile) que aún no se concreta por falta de apoyos oficiales.

Es también un curioso lector y de manera autodidacta investiga sobre historia, política, derechos ambientales, cosmovisión andina, arqueología, sociología y otros temas variados como sus intereses. “No me va bien en las aulas, me disperso. Por lo que he leído creo que tengo atención dispersa”, comenta.

Hasta 2020, Copa trabajó como guía de turismo en el Salar de Uyuni; pero en la pandemia todo empezó a languidecer. Sin turistas no había trabajo y Jacobo tuvo que volver a su ayllu para sembrar quinua y criar llamas.

El pasado 13 de marzo, Copa fue retenido por comunarios del distrito indígena de Coroma, acusado de pintar piedras en los límites territoriales de Coroma y Cala Cala. “Es que no respetan y avasallan desde años”, explica el activista que, inquieto como es, ha recuperado documentos históricos que acreditan la propiedad de las tierras de su ayllu.

Límites en entredicho

El conflicto de límites entre Cala Cala y Coroma es antiguo.  Según Copa, su ayllu denuncia desde hace años el avasallamiento de tierras de parte de la cooperativa minera Huarimarca, cuyos socios son comunarios y autoridades indígenas de Coroma.

Actúan, argumenta el activista, en la Meseta de los Frailes que tiene declaratoria de reserva fiscal, según una carta de la Autoridad Jurisdiccional Administrativa Minera (AJAM) que tramitó el ayllu Cala Cala en 2019.

Copa denunció que esa cooperativa abrió una red caminera, se instaló en el lugar y comenzó a explotar mineral de manera ilegal, sin la consulta y permiso de los comunarios de Cala Cala.

“A mí me molestó mucho este avasallamiento y comencé a denunciar por el Facebook (…). Un día, estaba haciendo pastear a con mi ganado y veo pintado en las letras ‘terreno de la familia Flores’; más adelante veo otro letrero igual. Entonces, me dio rabia y pinté en tres sectores ‘propiedad del ayllu Cala Cala’. Y eso no les gustó”, relata Copa desde Sucre, donde viaja constantemente estos meses para seguir su proceso judicial.

El día de las agresiones

Ese 13 de marzo, Jacobo descansaba en su casa después de la pintada cuando llegaron tres comunarios de Coroma.

“El alcalde de mando se entró a mi domicilio particular y me dijo que tenía que ir a comparecer a Coroma. Yo me resistí y me escapé estando con chinelas. Me agarron en el río y ahí me han torturado. Aun así me zafé pero mientras corría me lastimé el pie con una piedra y terminé sangrando. Me quitaron el celular. Me han pegado con chicote, yo no soy delincuente y me han torturado entre tres personas”, denuncia.

Herido y sin abrigo, Copa fue llevado a Coroma donde, a mucha insistencia, logró que lo atendieran en la posta médica. “Después me dejaron en un depósito, donde he tenido que estar hasta el día siguiente. Hacía mucho frío y yo no tenía ni zapatos”, relata.

Al día siguiente lo llevaron ante autoridades indígenas de Coroma. Del encuentro surgió un acta que ordena, entre otras cosas, que Copa borre lo pintado en las piedras y no publicar estos hechos en redes sociales.

“No puede ser que me impidan ejercer mi derecho. Me quieren acallar y hasta ahora vienen a amenazarme”, lamenta hoy.

Tres días después del incidente, Jacobo se sometió a un análisis médico que le dio seis días de impedimento. Con el certificado interpuso ante la Fiscalía de Uyuni una denuncia por lesiones gravísimas, privación de libertad y retención indebida.

“Desde entonces van a vigilarme, me filman, amedrentan y también a mis vecinos”, recalca el comunario que argumenta que “defiende el derecho de su pueblo”. “Necesito que me den garantías para poder volver a mi comunidad”, solicita.

Qhapaq Ñan Mamani

Rendirse no es una opción para Copa. “Algo tengo que me lleva a seguir con estas luchas que son justas”, comenta. El multifacético guía también lleva adelante otras batallas como lograr el cambio legal de su nombre.

“Desde hace años estoy investigando la situación de los pueblos colonizados como el mío. En la Colonia han venido los españoles, se han asentado en las tierras y nos han cambiado de nombre a los indígenas”, comenta el menor de los 11 hijos que tuvieron sus padres Juan Copa y Nicolasa Mamani.

“En mi caso, Copa es un apellido europeo de origen italiano, detalla y yo no tengo nada que ver con eso; mi nombre como el de mis hermanos, es una imposición”. El rechazo a su nombre de pila también tiene que ver con sus ideas sobre la religión.

“A mí me han traumado con el tema de Dios; estando en la escuela el profesor me ridiculizaba delante de todos porque una vez, como no sabía, me persigné con la mano izquierda”.

No lo olvida como no olvida tampoco las excursiones que desde niño le hicieron conocer su territorio y valorar su historia. Así se convirtió en un promotor del Camino del Inca, obra incaica que une a los países andinos y fue declarado en 2014 Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

“He decidido cambiar mi nombre por Qhapaq Ñan Mamani. Asumo el nombre de la ruta tan importante y mi apellido materno que es aymara”, recalca. Y en esos trámites anda desde hace cuatro años. En el ínterin ya tuvo un rechazo del Segip.

“Ahora con el proceso va a tarde un poco, pero voy a seguir. Los bolivianos tenemos derechos y se nos debe dar garantías. Para nosotros es la tierra la que da vida y la están explotando ilegalmente”, asegura Qhapaq Ñan.

Desde que denuncié que están explotando una reserva fiscal van a vigilarme, me filman, amedrentan y también a mis vecinos

Jacobo Copa

Fuente (Pagina Siete)

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